martes, 17 de marzo de 2015

SIMANCÓN-RELOJ-CHARCA VERDE (8 MAR 2015)

Sendero que subiendo por la Vereda de Mahón nos llevará al Simancón y Reloj, segunda y tercera alturas de la provincia, a través del Puerto del Endrinal, la bajada por la Charca Verde nos devolverá al punto de partida a través de la Vereda del Reloj y Pilón de la Sangre.
Hasta las faldas del Simancón (1566 metros) el sendero discurre en contínuo ascenso. Bajaremos por una de sus laderas en busca de una cresta que lo une con el Reloj (1535 metros) y una vez culminada dicha nueva subida, bajaremos en busca de la Charca Verde para efectuar el camino de regreso. Las alturas son aproximadas, después de varias consultas no parece haber acuerdo sobre las correspondientes a cada pico, aunque metro más o menos tampoco importa, al menos a nosotros.
Este sendero es imprescindible en el curriculum de cualquier senderista que se precie y marcará las distancias entre simples aficionados y buenos aficionados.

Dejamos el coche en: 36º45.579'N - 5º22.469'W
Distancia: 11,62 kilómetros.
Tiempo: 8 horas 22 minutos con muchas paradas.
Dificultad: Moderada-Alta.

Podéis descargaros el track, clicando en la siguiente imagen:

Dejamos el coche en el parking aledaño al camping del Tajo del Rodillo, a las afueras de Grazalema.

Haremos los primeros metros por un pasillo entre alambradas en contínuo ascenso.

 Rápidamente llegaremos al inicio del sendero y de la Cañada de Mahón.

El Peñon Grande de Grazalema nos acompañará prácticamente durante toda la subida hasta el Puerto del Endrinal.

Este sendero nos permitirá conocer una gran representación de formaciones curiosas, creadas por la disolución de la roca caliza y tìpicas del Parque Natural de Grazalema: dolinas, callejones, llanos, acanaladuras, lapiaces o torrecillas de punta redondeada.

A nuestra derecha encontraremos una antigua era. Un cartel informativo nos cuenta algo de ella.

El Peñón Grande más que peñón es una extensa dorsal que discurre paralela al sendero.

Una mirada atrás nos permite ver un camino casi "urbanizado", de momento sólo el desnivel nos pone algo a prueba, pero nada que no sea superable con algunas paradas de respiro.

Tomar algo de aire tiene sus ventajas, nos permite ver a nuestras espaldas el Peñón Gordo que protege Grazalema, y más lejano el Cerro Malaver con Montecorto en su ladera, y a nuestra derecha el cerro de Ronda la Vieja, dónde se ubican las ruinas romanas de Acinipo.

Llegamos al Puerto del Endrinal y allí la tenemos, la Sierra del Endrinal casi al completo.

También veremos algún que otro cartel indicador.

Nos aproximamos a una especie de redil recientemente acondicionado. Debemos dejarlo a nuestra derecha. La senda sigue perfectamente marcada.


Una verde dolina, el Llano del Endrinal es nuestra siguiente meta volante, si continuamos al frente pillaríamos el sendero de subida al Puerto de las Presillas pero hoy no toca, tenemos que desviarnos a la izquierda a mitad del llano.
Este llano es una depresión cerrada y alargada del terreno, un pequeño poljé de forma casi triangular situado a unos 1.100 metros de altura, limitado por una pared de piedra seca.

Caminamos por un pinar de repoblación, pero los lapiaces empiezan a aparecer, la subida también se agudiza. Se agradece el frescor de la sombra, a pesar de las fechas en las que estamos, hace calor.


Un viejo conocido se estira para saludarnos, el San Cristóbal en la Sierra del Pinar asoma tras el Peñón Grande.

Piedras, piedras y piedras sueltas, hay que circular con cuidado, ya estamos lejos del coche y una torcedura de tobillo nos puede complicar "muy mucho" el retorno.

Otra mirada atrás y vemos que a la fiesta se unen la Sierra del Gastor con los emblématicos Lagarin y Las Grajas, Olvera y la Sierra del Tablón en Sevilla, mucho más cercano aparece el embalse del Fresnillo.

Se acabó hace rato la sombra, un enorme lapiaz se cruza en nuestro camino, entramos en el reino de Piedras. Lo desprotegido del lugar queda patente en la erosión del lugar.

Allí está nuestro primer órdago del día, desde lejos parecía más asequible, ahora nos damos cuenta de la mole gigantesca del Simancón. La arboleda desaparecida da paso al monte bajo con predominio del conocido como Cojín de Monja (Erinacea anthyllis), el Lastón (Agrostis pourretii) y el esparto (Stipa tenacissima).

A partir de aquí se puede atacar directamente la cumbre, pero preferimos no trepar y buscamos una ruta que nos permita hacer cumbre a "dos patas". Lo más fácil que encontramos es ir cayendo hacia la derecha y rodear ese promontorio lateral. Algo más largo pero fácil dentro de la dificultad del lugar.
Existen flechas en amarillo enmarcadas en azul que señalan la subida, vimos algunas pero realmente nos sirvieron de poco, la falta de una senda clara o previsible hace que, al menos a nosotros, nos resultara difíciles de seguir y optamos por guiarnos de nuestra intuición.

La imagen del Earth nos permite ver claramente nuestro movimiento de ascensión hacia la derecha.

No estamos ni a mitad del ascenso y ya dominamos el mundo. Mirando hacia atrás, Arcos a la izquierda, la ya visitada Sierra del Albarracín, Bornos y su pantano, el Cerro Verdugo y en su loma Pradro del Rey y por encima Espera, y el Cerro Pajarete dónde se ubica el castillo/torre de Matrera.

Al frente, la Sierra del Aljibe con el Picacho y el Pico del Montero. Además de una muestra de la flora del parque natural podremos ver a unos de los animales más emblemáticos de la sierra: la cabra montés.

Entre medio de ellos, la Sierra de la Silla, y los pantanos de Los Hurones y Guadalcacín.Durante la subida podremos ver algunas marcas con flechas que indican el mejor camino, aunque a nosotros no nos sirvió de gran ayuda ya que la inexistencia de posibles veredas, enlazar una marca con otra es casi milagroso por lo que optamos por seguir nuestra intuición y buena vista.

Ya en la cumbre podemos ver en nuestro frente y al fondo a la izquierda la Sierra Bermeja, y las Sierra de los Pinos y más cerca la Sierra de Líbar, entre Líbar y nosotros, los Llanos del Republicano.

Un aire de felicidad se lee en nuestras caras, el primer reto importante del día superado con éxito y esfuerzo. Viendo la foto y la facilidad con la que se desplaza por las piedras quién diría que mi compañera de caminos además de mal equilibrio y tiene vértigo (al menos eso dice).

Mirábamos el Torrecilla, objetivo de una próxima salida, cuándo nos percatamos que tenemos justo delante el segundo reto del día, desde aquí no parece excesivamente difícil (aún no hemos visto por dónde debemos bajar).

Allí abajo la Charca Verde, tampoco parece excesivamente lejos (segunda mala lectura del día).

Con la excusa de alguna foto más, demoramos el asalto a la cresta y recuperamos un poco, aunque sabemos que no debemos entretenernos demasiado que el camino es muy largo. Damos una última visual a este privilegiado entorno y para abajo.

Nueva mirada a la Sierra de las Nieves, tal vez en abril aprovechando que iremos al Caminito del Rey, o mayo como muy tarde subiremos al Torrecilla, ya luego hace demasiada calor.

El macizo de Líbar y los Llanos del Republicano.

Al fondo del todo Sierra Bermeja.





Comenzamos el descenso. Despacito y buena letra. Ahora sí que es necesario llevar las manos libres.

A media bajada la cresta empieza a crecer, más grande de lo que en principio pudiera parecer.

Estas imágenes no dan una idea aproximada del desnivel ni volumen de los pedruzcos, es peor aún de lo que parece.

Poco a poco llegamos abajo, una mirada atrás y nos parece imposible que hayamos pasado por ahí.

Cualquier método seguro vale para sortear los pequeños obstáculos, para los grandes mejor el rodeo.

La cima del Simancón queda ya muy lejos, serán más de 150 metros de desnivel los que tendremos que salvar. Hemos pasado el punto de no retorno (PNR) que siempre fijo en la preparación de cualquier sendero, intentar la vuelta por el camino de venida sería demencial y mucho más trabajoso que continuar adelante.

De los cinco grupos que nos hemos ido alternando en la subida al Simancón sólo dos hicieron cumbre, y uno sólo (además de nosotros) comienza la transición al Reloj. Empiezo a pensar que hemos sido demasiado ambiciosos en nuestro estreno. Allí vienen siguiendo nuestra estela.

El primer tramo de la cresta supone todo un alivio, ¡gloria bendita andar casi en llano!, tranquis que durará poco.

Parece ser que lo habitual es pasar por la parte superior de toda la cresta y así lo intentamos, pero llegamos a un lugar dónde unos grandes bloques (que no se aprecian en la foto) nos obligarán a alguna trepada que no me gusta, encontramos como evitarlo, aproximadamente a la mitad del camino existe una zona lo suficientemente segura como para pasar sin necesidad de usar las manos, y por allí pasamos. Está aproximadamente por dónde marco en rojo, nos vemos obligados a rehacer nuestros pasos y buscar una bajada cómoda al nuevo camino.

Esta captura del track en Google Earth nos indica cual fue el recorrido. Totalmente recomendable, estando en el sitio se aprecia perfectamente por dónde debemos pasar para acceder a esa pequeña zona amarillo verdosa que nos dará un poco de respiro. 



 ¿Será por aquí?

Una vez superada la cresta lo mejor es ir subiendo aprovechando las zonas dónde existe musgos o hierbas, son planas y con un poco de vista nos llevarán hasta casi la cima de forma mucho más cómoda. Dicen que un rayo partió el vértice geodésico, yo creo que fue el Simancón que tuvo envidia al ser más alto y no tener ninguno.

Bueno, segundo reto superado, cima del Reloj a 1.536 metros. Nos da algo de pena ir para abajo, pero es lo que hay, que nos gusta ir despacio y el camino es largo.

Nuevamente el macizo de Líbar y los Llanos del Republicano.

Mirando hacia Grazalema.

La Sierra del Pinar al completo.

Algo de Málaga.

Del grupo que nos seguía ya sólo queda uno. ¿Dónde estarán los acompañantes? Premio para quién los encuentre.



Bueno, enfilando la Charca Verde, hacemos trayecto directo desde la cima del Reloj. Parece cerca, pero ya nos daremos cuenta que de eso "ná de ná".


Lo que en principio parecía fácil no lo es tanto, de hecho es un tramo también dificultoso, infinidad de piedras sueltas, mucha pendiente y la falta de un sendero claro nos llevarán a la realidad, otra vez a sudar. Existen infinidad de hitos que supuestamente marcan la mejor ruta, creo que si la marcada es la mejor, no sé cual puede ser la mala.

Un pequeño poljé nos ayudará a estirar los músculos de otra manera, ¡menudo alivio!.

Al fin en la Charca Verde. Aprovechamos para darnos un buen descanso y comer, que aunque parezca que ya tenemos la salida volteada, nada más erróneo.
Generalmente cuánto más nos acercamos al fin del trayecto el camino mejora, aquí es al revés, empezaremos con una vereda muy cómoda (Vereda del Reloj) y poco a poco irá empeorando y haciéndose más complicada lo que unido al cansancio acumulado, puede resultarnos muy largo. Así que hay que dosificar bien las energías.
Salimos de la charca por el camino que se ve en la parte derecha superior, una vez arriba de esa pendiente el camino se bifurca, pillamos el de la izquierda.

Poco a poco los colosos se alejan. Los vemos y parece mentira que vengamos de allí.

En el track tengo marcados cuatro o cinco sumideros con evidentes síntomas de desplome, existen varios más en el camino que llevamos.

Nuevamente se abre una senda clara que no se perderá en todo lo que queda de camino.

Otras simas con hundimiento.



A nuestra derecha dejaremos un abrevadero que se nutre/nutría a través de mangueras desde la Charca Verde.

Hasta ahora hemos llevado un camino muy cómodo. Llegamos nuevamente al bosque de pinos.


En alguna zona de umbría encontramos rocas cubiertas de un musgo amarillento, prueba ineludible de que está lloviendo poco.


Alguna corraleta linda el sendero.

Una sorpresa inesperada, un largo repecho nos hará subir pulsaciones nuevamente.


Otra zona de lapiaz, el terreno se endurece.  Rocas de formas curiosas estimulan nuestra imaginación.

Damos un adiós a la Sierra del Endrinal. Estamos a punto de perderla de vista.


Y sigue el camino.

Montones de troncos apilados esperan el momento de su recogida.

Llegamos a la conocida como vereda del Pilón de la Sangre.


Podríamos seguir en dirección al camping y hacer los últimos dos kilómetros por la cañada de Mahón pero preferimos pillar dirección a Grazalema con recorrido algo más duro, pero diferente.

Este último tramo pone el colofón a este duro recorrido, una bajada interminable pondrá a prueba nuevamente nuestras rodillas.

Allí abajo vemos el coche y pensamos que estamos muy cerca, nada más lejos de la realidad, este último y escalonado tramo nos hará sudar nuevamente.

Y añade un poco de emoción  con una bonita cornisa que hace mis delicias. Me encantan.



Bueno, esto se acaba, llegamos al camping, sólo nos resta girar a la izquierda y caminar cerca de la valla hasta el punto de inicio.



Acabamos como empezamos, admirando la grandiosidad del Peñón Grande de Grazalema.
Os pido disculpas por esta larga entrada y tantas fotos, pero el sendero bien lo merece.

Y ya sabéis, búscanos dónde haya un sendero, una montaña, un árbol, dónde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos dónde el buitre leonado se siente invencible o dónde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.

4 comentarios:

  1. Estupenda ruta la que habéis realizado, todo un clásico de nuestra Grazalemeña Sierra, haber si lo incluimos este año en nuestra apretada agenda. enhorabuena. Saludos cordiales

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Carlos, gracias por tu visita y palabras. Un saludo.

      Eliminar
  2. Respuestas
    1. Manuel gracias por la visita. Un saludo.

      Eliminar

Gracias por tu visita.