martes, 16 de diciembre de 2014

PUENTE DE LA NAVA-CERRO DE PEÑA GORDA (MIRADORES DE LAS TOSCAS) 7 DIC 2014

Magnífico sendero que nos llevará a través del margen izquierdo del Guadalete al principio y luego siguiendo el Cordel de Morón hasta el Cerro de Peña Gorda, dónde se ubican los llamados Miradores de las Toscas, gracias a un pequeño arroyo del mismo nombre de las cercanías. Realmente dichos miradores no existen, tratándose simplemente de una ladera desde dónde podremos divisar el paisaje cercano. Desde allí y dependiendo de las ganas de subir por dicho cerro, obtendremos diferentes perspectivas de las angosturas del río Guadalete y serranías limítrofes. Antes de cruzar el arroyo del Boquino nos desviaremos a la izquierda para visitar una fuente de la que desconozco el nombre y que llamaré Fuente del Boquino por ir a vertir sus aguas a dicho arroyo. En las inmediaciones existen restos de lo que pudo ser un cortijo. En la zona existen jabalíes y podremos ver algunas de las jaulas utilizadas en su captura. 
Dejamos el coche en la entrada del Descansadero del Puente de la Nava: 36º52.996'N - 5º26.967'W.
Distancia: 11,93 kilómetros.
Tiempo: 5 horas 51 minutos, incluídas las paradas.
Dificultad: Media-baja.

Podéis descargaros la ruta clicando en la siguiente imagen:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=8455616

En las inmediaciones del Puente de la Nava existe un área recreativa que será nuestro punto de partida.

Desde aquí tendremos dos opciones, una de ellas será entrar directamente por el carril de asfalto que llega a Puerto Serrano y discurre casi paralelos a una parte del Cordel de Morón pero nosotros lo dejaremos para la vuelta y conseguir un recorrido parcialmente circular.  Pillaremos la vereda de arena a nuestra derecha que pasa bajo el viaducto de la A-384 y accederemos directamente al Cordel.

El Cordel ha sido recientemente limpiado, prueba de ello son las claras marcas en el suelo de la maquinaria utilizada al efecto y el perfecto desbroce que presenta.

Sin tiempo a entrar en calor ya nos encontramos en los márgenes del Guadalete que después de las intensas lluvias lleva un buen caudal. Algo que siempre me ha llamado la atención de este río es la turbidez de sus aguas, conozco principalmente todo su cauce en las inmediaciones de Jerez y hacia el mar y pensaba que en algún lugar recibiría algunos vertidos de aguas sucias, pero veo que bastante más arriba y con la seguridad de la no existencia de dichos aportes, el agua sigue teniendo el mismo mal color que contrasta con sus donantes (Boquino o Bermejales que llevan un agua cristalina y normal en zonas altas).

El nombre Guadalete proviene del árabe Guad el Leteo, que se traduce como Río del Olvido. Me viene a la memoria un libro de Julio Llamazares que leí hace años, y de igual nombre, hablaba si mal no recuerdo del río Curueño (León), no puedo decir que me impresionase demasiado. Pasamos por una zona repoblada con eucaliptos.

Aunque el buen estado del principio de la pista y de esta cómoda planicie nos lleven a pensar en un recorrido fácil, el camino pronto se vuelve más abrupto.

Hicimos un intento para progresar lo máximo posible por los márgenes del rio, pero no hubo manera, hasta este punto llegamos, un muro de zarzas y monte cerrado nos impiden seguir por lo que retomamos la ruta prevista dirigiéndonos al Cordel de Morón.

Ya estamos en la senda que nos llevará a conectar con el Cordel de Morón, la pista se pierde a trozos por lo que debemos ir atentos y siempre buscando la subida.

Al final de esta rampa conectamos con el Cordel, no podemos decir que este atajo, ataje nada, más bien al contrario.El pino carrasco domina esta zona.

Encontramos un cartel indicador con dos opciones, una parece se dirige al Cerro del Lobo y probablemente lo investiguemos próximamente, de momento vamos a lo previsto, el carril de bajada de la izquierda. (WP Cartel).

El Cordel se halla cortado en varios lugares gracias a las correntías estacionales que lo cruzan, para evitar el deterioro de la pista se han canalizado los pasos correspondientes. También parece que es un arreglo reciente.

Sin lugar a dudas el camino se encuentra en perfecto estado y limpio de maleza.

Hemos llegado al arroyo de los Bermejales. El único en este tramo que lleva algo de agua. (WP Arroyo de Los Bermejales).

Nuevamente la pista se abre en dos, unos postes nos indican que otrora hubo otro cartel indicador. Esta vez optamos por el la derecha. (WP Pista a la derecha).

Todo el recorrido está poblado de árboles por lo que las "vistas largas" se hacen rogar.

Nos encontramos con el primer paso. (WP Angarilla).

Al poco tendremos a la vista la Sierra de la Nava y el llano de igual nombre, una extensa planicie que hace las delicias del numero rebaño de cabras que pronto encontraremos. El verdor de esta época le da un esplendor inigualable.

Otra bifurcación, yendo por el de la derecha nos dirigiremos directamente al cruce del Arroyo del Boquino, pero nosotros y por alargar algo el recorrido nos desviaremos por el de la izquierda para visitar la Fuente del Boquino y sus alrededores dónde existen algunos restos de edificaciones.

El paso está bien marcado, además la alambrada que delimita la zona de pastos nos impidirá cualquier desvío involuntario.


Una mirada atrás nos permite ver hacia dónde tendremos que ir a la vuelta.

Ya estamos en la Fuente del Boquino. Desconozco si tiene otro nombre, la denomino así por proximidad y vertir sus aguas a dicho arroyo. (WP Fuente del Boquino).



Volvemos sobre nuestros pasos en busca de la angarilla de paso, sólo tendremos que seguir la alambrada por topar con ella.

Aquí la tenemos, la encontramos abierta y así la dejamos. (WP Angarilla2).

El arroyo del Boquino lleva un caudal escaso a pesar de las lluvias que estamos teniendo. (WP Cruce Arroyo del Boquino).

 Un pequeño reducto de centenarias encinas dan un toque de elegancia a la zona.

Esto es lo que se llama un árbol partido en dos.

A partir de aquí progresaremos por el margen de todo este campo de labor. Es el Llano de la Nava.

Una nueva angarilla. (WP Angarilla3).

Seguimos bordeando el llano.

Impresionante esta cuasi dehesa.

Un nuevo paso, el abrevadero será una marca inconfundible. (WP Angarilla4). Al fondo ya divisamos el cerro de Peña Gorda, final de nuestro recorrido.

Estamos en el arroyo de Las Toscas, el paso es penoso, las maquinarias de cultivo han modificado el lecho de piedras original. Estará bien para el tractor, pero es triste ver algo así.

Un sinfín de caminos de cabras dibujan el suelo, pero no tiene pérdidas, sólo tendremos que ir subiendo, nunca mejor dicho, todos los caminos llevan a Roma.

Para desquitarnos del cauce feo anterior, busco un acceso al arroyo de Las Toscas y esta vez sí es "mirable". Mucho mejor.
 

Definitivamente dejamos el margen del arroyo y vamos en clara ascensión y empezamos a ver el entorno lejano.


Aunque la subida es bonita y la cornisa por la que progresamos carente de peligro algunas zonas no son adecuadas para personas con vértigo así que no está de más tener algo de precaución.



Podríamos subir hasta la parte más alta del cerro, pero las vistas tampoco serían excesivamente diferentes, así nos dedicamos a disfrutar de toda la garganta que forma las angosturas del Guadalete en este tramo. 

La jefa que a prudente no le gana nadie, dice que me espera abajo. Tampoco es que yo fuese mucho más arriba.

Iniciamos la vuelta.

 Ya no llevamos el sol de cara lo que permite mejorar la calidad de las tomas.

Restos de lo que pudo ser una corraleta.


WP Cortijo.

Llegados a este punto nuevamente, optamos por tomar la carretera, ello nos permitirá fotografiar aquellas zonas que entre la arboleda de la ida nos quedaron ocultas. En rojo el camino de ida.
 

La mayor altura de la carretera nos permite ver más cosas.


Para terminar y fuera de ruta nos acercamos al área de descanso y aprovechamos para sacar unas tomas del puente con el sol en mejor ángulo.








Algún aficionado a la escalada indoor adecuó su pared particular en uno de los apoyos del puente.

¿Os dije que había que tener cuidado con las zarzas? Pues "casi" todos me hicieron caso.

Y ya sabéis, búscanos dónde haya un sendero, una montaña, un árbol, dónde un humilde musgo espere paciente el deshielo, búscanos dónde el buitre leonado se siente invencible o dónde la pequeña Langeii desparrame su perfume, búscanos y si nos encuentras, será un placer saludaros.

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