jueves, 19 de octubre de 2017

CANTERAS DE LA SIERRA DE SAN CRISTÓBAL-LA CATEDRAL SUBTERRÁNEA (12 OCT 2017) EL PUERTO DE SANTA MARÍA

La Sierra de San Cristóbal es una sierra de Cádiz, ubicada en el límite de los términos municipales de Jerez de la Frontera y el Puerto de Santa María. Es en ella y cercana a la pedanía de El Portal dónde se encuentra un entramado de túneles (mal llamados cuevas), resultado de la extracción durante siglos de bloques de arenisca calcárea.
Se han contado aproximadamente 40 cavidades, algunas de las cuáles alcanzan una altura de más de 20 metros, en una extensión de más de 20.000 metros cuadrados.
Estos túneles, probablemente constituyan unos de los conjuntos más impresionantes de toda España, tan impresionantes como desconocidos, tal es su magnitud e impresión que causan al espectador que incluso el Rey Alfonso XIII, en una visita realizada al lugar en 1930, llegó a exclamar: "Estas son las cuevas más grandes y maravillosas que he visto". Antes de partir, dejó la encomienda de que esas cuevas, ya en desuso en aquellos tiempos, se convirtieran en un parador nacional. La clarividencia que tuvo este Rey hace casi cien años, no la han tenido ninguno de los poderes políticos posteriores, que no han sabido poner en valor un lugar que podría convertirse en una atracción turístico/cultural de primer orden a nivel español.

Nosotros habíamos oído hablar del lugar, pero nunca nos imaginamos el soberbio espectáculo que íbamos a encontrar, y todo, a escasos kilómetros de mi casa, no lo vimos todo por desconocimiento del lugar y falta de tiempo. Este es un breve resumen de la zona que visitamos, allí hay mucho más.

ADVERTENCIA: Este lugar está totalmente desprotegido y existe un peligro inherente de caídas  desde alturas considerables en algunos lugares, no existen ni vallas ni pasamanos protectores por lo que, al menos en uno de los lugares dónde estuvimos, hay que extremar la precaución y no acercarse demasiado, evitando el riesgo de algún resbalón y caída desde bastante altura. Si tenéis niños, yo NO los llevaría, el lugar es muy engañoso y dónde simplemente parece un terreno de monte bajo, existen huecos de gran profundidad. Estamos en una cantera, dónde además de la extracción a cielo abierto, se efectuaron extracciones subterráneas con toda la infraestructura que eso conlleva, parte de la cual, aún se conserva.
También en alguno de los lugares podemos leer carteles que avisan del peligro del derrumbe del techo de las cavidades.

Distancia recorrida: 6 kilómetros.
Tiemplo empleado: 3 horas.
Dificultad: Baja.

Este es el camino que realizamos:

Llegamos al lugar y vemos estas extensiones de matorral, dónde destaca la retama, y algunos macizos de pinos y eucaliptos, caminamos por un lugar abandonado, polvoriento y el calor aprieta, nada hace presagiar la auténtica maravilla que estamos a punto de ver.

Lo primero que encontramos son unas edificaciones de corte moderno, según cuenta mi suegro (que es una enciclopedia ambulante), este recinto fue acondicionado como polvorín de Armas Submarinas y en él, se custodiaron todas las minas, torpedos y cargas de profundidad que quedaron intactas, después de la desgraciada explosión del Almacén n.º 1 de la Base de Defensas Submarinas de la Armada en Cádiz, el 18 de agosto de 1947. Murieron 150 personas y hubo más de 5000 heridos, pero esto ya es otra historia.

Por el perímetro, también se conservan diversas garitas de vigilancia, como testigos mudos de los últimos ocupantes del lugar.

Pero cuándo empezamos a creer que no veremos nada, encontramos la primera "boca mina". Aunque se poseen indicios de que el inicio de la explotación cantera dió comienzo durante la Edad de Cobre, el gran impulso en la extracción se remonta al siglo VIII a.C. y la construcción del poblado fenicio del diseminado de Doña Blanca, que D.m. será motivo de una próxima visita y correspondiente entrada en el blog.

Según fuentes más académicas, los orígenes de la cantera datan del siglo XIII, aunque está comprobado que la actividad extractiva se efectuó desde la época fenicia, habiéndose constatado que el poblado fenicio de Doña Blanca, así como el mayor puerto púnico del Mediterráneo (recientemente encontrado en las cercanías del poblado fenicio), fue construido utilizando piedras de este lugar, dónde los canteros y al resguardo de las inclemencias del tiempo, trabajaban la piedra a mano, con sierras, agua y cinceles, según afirma el catedrático de Prehistoria de la Univerdad de Cádiz Diego Ruiz Mata.

La importancia de la explotación terminó decayendo, y resurgiendo nuevamente entre los siglos XVI-XVIII. Según Juan Clemente Rodríguez Estevez, doctor en Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, unos 15.000 barcos cargados de esta piedra, salieron de la Bahía de Cádiz y remontaron el Guadalete para llegar a la capital hispalense por el Guadalquivir, los bloques se transportaban en carretas de mulas hasta el embarcadero de El Portal y desde allí y embarcados en navíos llegaban a Sevilla.

Ya en Sevilla desembarcaban las piedras en el muelle junto a la Torre del Oro, ayudándose de grúas y poleas y transportados a los lugares de uso, siendo uno de esos lugares, dónde se erigió el ayuntamiento plateresco/renacentista. También fueron utilizadas en la construcción de edificios tan relevantes como las Catedrales de Sevilla, Cádiz y Jerez.
Todas las galerías disponen de numerosos tragaluces y respiraderos que posiblemente también servirían como posibles rutas de escape ante cualquier hundimiento, en tiempos recientes la mayoría de estos huecos, salvo los horadadados en el techo (vana aclaración), fueron rellenados con escombros y restos de cantería, al objeto de sellar posibles entradas, no obstante, esa labor no fue perfectamente ejecutada, cosa que agradecemos enormemente.

Otras entradas y simplemente por su gran tamaño, fueron imposible cerrar, situación que probablemente haya facilitado su conservación, toda vez que la ventilación contínua evita la humedad y posibles reblandecimientos de los materiales.
 

Podemos observar que no todos los respiraderos o bocas de entrada fueron trabajados con el mismo interés y pertenecen a distintas épocas, este la foto quedó tal como se abrió el hueco.

En cambio, este acceso/respiradero fue exquisitamente trabajado y sus esquinas labradas con perfectos ángulos de 90 grados. Aunque sólo se encuentran protegidos de las inclemencias del tiempo los respiraderos situados en los techos, existen algunos, como este de la foto, a los que también se les fabricó unos techados abovedados con ladrillos. Ni que decir tiene que estas protecciones datan probablemente de su ocupación militar por la Armada y no a sus creadores originales.

De la importancia y valor estratégico que tuvo la Sierra de San Cristóbal en la antigüedad nos habla el hallazgo de restos de un poblado turdetano del siglo III a.C. y de una necrópolis, en el conocido como Poblado de Las Cumbres, relativamente cercano al poblado fenicio de Doña Blanca.

Algunas de las entradas son de muy fácil acceso, lástima que no vinimos con material adecuado para dar una inspección en mayor profundidad, unas buenas linternas, un casco y algo de cuerda nos hubiesen venido de perlas, pero esto lo dejamos para los expertos en la materia. Nosotros nos conformanos con ver algunas de las entradas posibles.

Son miles de metros de galerías, y muchísimos respiraderos y accesos secundarios, en este caso sí que fue perfectamente sellado, una gran roca tapa cualquier resquicio que nos permita meter la cámara de fotos.

Sin lugar a dudas, los que trabajaron en esta cantera sabían lo que se hacían, existen imnumerables columnas y contrafuertes  que refuerzan las oquedades. Y la efectividad del trabajo queda patente al comprobar que hoy día, todo sigue en pie y ni siquiera pudimos observar grietas que pudieran hacer dudar de la seguridad de los túneles.


En esta sección podemos ver los restos de varios sillares ya preparados para su extracción y las diferentes marcas de nivel que nos indican el sistema seguido de la extracción en profundidad.


Consciente de que bidimensionalidad de las fotos se carga cualquier perspectiva y nos engañan  en relación al tamaño, le pido a mi compañera de caminos que se baje al nivel dónde llegó la extracción en esta zona, y aquí queda patente la majestuosidad de algunas secciones.

Es curioso observar como varias de las entradas están ocultas por higueras ¿casualidad?.

Del periodo como polvorín de la Armada, también permanecen algunos mini búnkeres con capacidad para un máximo de dos personas, parece ideal para colocar una ametralladora.

En varios lugares del cerro también existen canteras a cielo abierto que parecen datar de los siglos XIX y XX, dónde el uso de explosivos sería muy común e inviable con la explotación subterránea. Estas explotaciones supusieron una importante pérdida de suelo en el cerro.



En una de las paredes al aire libre encontramos un hueco y una pequeña ventana indicadora de que dentro hay más, una escalera de mampostería muy reciente nos invita y no podemos evitar dar un vistazo.


Intentamos encontrar algunas de las inscripciones, señales o cruces de antiguos canteros, pero lo único que encontramos son huellas de aquellos quintos por por aquí hicieron la mili.

Mi compañera de caminos, más precavida que un TEDAX viendo cables de colores en una caja de cartón, me tiene la casa llena de linternas por si se va la luz de noche, y como no podía ser de otra forma, entre el material permanente de su mochila figura un frontal que hoy nos vino como anillo al dedo para hacer una ligera inspección de las oscuras galerías.

Se trata de un túnel central que se bifurca en varias direcciones, y de cada galería, salen dos nuevas.

En esta imagen podemos ver uno de los refuerzos del techo que a modo de contrafuerte dan consistencia a la galería.

Y aquí volvemos a comprobar como avanzaba la extracción por niveles descendentes y otro refuerzo longitudinal en el techo.


Sorprende ver la limpieza del lugar, al menos por aquí no han pasado vándalos y esperemos que así siga.

Las galerías continúan pero nosotros no, este lugar se merece ir mejor equipados.

Volvemos sobre nuestros pasos e inspeccionamos otro ramal. Estamos realmente impresionados, es triste que esta maravilla permanezca olvidada sin que la Administración tome cartas en el asunto y si se ven incompetentes, al menos que dejen paso a la iniciativa privada, el lugar bien lo merece aunque al final tuviésemos que pagar por visitarlo.

Un detalle del labrado de las paredes, totalmente planas sin que un "cincelazo" vaya más allá de sus compañeros. Paredes talladas por manos expertas que sin dudas dejaron parte de su vida en ellas.

Probablemente al fondo de ese pasillo exista algún respiradero que fue tapado, los restos de arena parecen indicarlo.

Allí abajo se ve una pieza de hierro acabada en punta ¿será un viejo cincel?

Otro ejemplo de los contrafuertes laterales que refuerzan la galería, sin dudas dignos de la cripta secreta de una catedral.

Desgraciadamente estas galerías ni siquiera gozan de una protección específica por su valor etnológico o industrial, sólo parte de ellas están catalogadas con Bien de Interés Cultural por parte de la Junta de Andalucía como servidumbre del yacimiento fenicio y aquí siguen esperando un resurgir y una puesta en valor, que sin dudas, sería un deleite para sus posibles visitantes que no todo va a ser playa.


Seguimos el camino y en una bajada nos encontramos otra gran entrada, esta vez protegida por una fuerte pared de cemento y avisos de prohibido el paso, así que media vuelta.

Llegamos a lo que parece el eje central del entramado de túneles, inmumerables bóvedas que protegen de las inclemencias del tiempo los numerosos respiraderos, esta vez todos en los techos, de los túneles bajo nuestros pies.


Metemos la cámara para hacernos una idea de como son. Esta zona sería peligrosa sin estas protecciones de tiempos recientes.



En esta parte encontramos lo que pudiera ser la otra salida/entrada del gran túnel, también protegida de forma conveniente.

Y otros avisos de peligro.

Justo en su lateral encontramos una especie de control, una piletilla de agua y lo que parece ser un bebedero para animales, aunque para mí tiene toda la pinta de una bañera.

Y diferentes inscripciones, aunque éstas parecen más antiguas.

Al fondo de esta rampa, otra gran entrada nuevamente oculta por una gran higuera.

Y otra zona a medio extraer. Llama la atención la pulcritud de unos espacios dónde el polvo y la gravilla debían ser los dueños.


Se nos hizo tarde pero no me resisto a dar un vistazo a otra porción de túnel. En la entrada encontramos una estancia bien elaborada.


Dispone de varias piletas y huecos labrados en la pared.


Incluso lo que podrían ser unas estanterías.


También esta entrada fue tapada, aunque no impide el paso a esta maravillosa sala.

Caminando por ella me encuentro con estos dos arcos, sin dudas de tiempos más recientes.

El amplio espacio invita a seguir.

A los lejos veo la luz del día, así que voy a curiosear.

Al igual que en la galería anterior, aquí los túneles se abren a ambos lados.

La luz entra por otro de los accesos, nuevamente llenos de escombros pero que no me impiden la salida. Salgo por él y me encuentro justo al lado contrario por dónde entré, pero el track del gps y una vez restaurada la conexión, me ubica rápidamente. Vinimos sin mucha fe y con el único motivo de dar un vistazo, y nos hemos encontrado con una de las mejores aventuras de los últimos tiempos.

Este es un espacio especial y clave desde los primeros asentamientos humanos en la zona, de hecho, hace unos años se descubrió que una de las piedras que conformaban un espigón en la costa del Puerto de Santa María, tenía unos extraños esgrafiados. Tras investigar el origen del sillar, resultó proceder de la cantera a cielo abierto que aún hoy se mantiene en activo en San Cristóbal. Los estudios determinaron que se trataba de un menhir que databa de finales del Neolítico, y con una antiguedad de unos 5000-6000 años.

En la falda de la sierra, se encuentra el yacimiento fenicio de Doña Blanca, con el que está relacionado,  Código 01110270091 Área Arqueológica de Doña Blanca, denominado así por el castillo dónde la reina Blanca de Borbón fue encerrada por el rey Pedro I. Durante años, la sierra originó un litigio judicial entre El Puerto y Jerez que acabó en el Tribunal Supremo, que decretó que la zona pertenece al término de El Puerto.

Pero después de tanto interés por ambos ayuntamientos por hacerse con el dominio de esta maravilla, ninguna de las Administraciones ha hecho nada, ni por protegerlas, ni por preservarlas ni mucho menos por permitir la puesta en valor de este conjunto, que sin lugar a dudas, podríamos calificar como la Catedral Subterránea más bella de España (o más).

El Cerro de San Cristóbal está catalogado como Patrimonio Inmueble de Andalucía con la denominación: Cantera de San Cristóbal. Código: 01110270043. Lo que me gustaría saber es que si esto sirve para algo, esta maravilla no puede seguir en el olvido y mucho menos, abandonada y a expensas de cualquier energúmeno que intente acabar con ella.

Bibliografía:
Base de datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía.
Wikipedia.
Artículo del periódico El Pais del 3 de septiembre de 2016.
Artículo del periódico El Pais del 5 de agosto de 2017.